“Clavan la  loma de plomo de arriba a abajo, y con el aliento contenido, oigo impotente aquel tableteo interminable. El tiempo que duran los disparos parece un siglo…..”

El 13 de diciembre de 1963, luego de una jornada de interminables disparos en las montañas de Ocoa, Piky Lora, la única mujer combatiente del Frente Guerrillero Juan de Dios Ventura Simó fue hecha prisionera.

Tenía 23 años y un título de doctora en Derecho.  Aquel  13 de diciembre, sin embargo,  lejos de enrumbarse hacia el futuro exitoso  que prometía  su juventud y su grado universitario, Piky Lora emprendía el camino hacia la prisión y  el exilio.

¿Qué detonante tan fuerte había movido  a esta muchacha a ese camino de lucha? ¿Qué idea común había florecido entre los jóvenes militantes del Movimiento 14 de Junio, en su mayoría profesionales, para que se alzaran en armas?

Los movía en primer término, una indignación causada en la brutal dictadura de Rafael Trujillo.

Nacida en 1940, Piky Lora se formó en un pesado ambiente de represión de estado. El país era gobernado por el régimen de Rafael Trujillo, que cercenó todas las libertades y derechos. Bajo increíbles crueldades y terror, estaba prohibido expresarse, debatir ideas, transitar libremente; el país era gobernado sin derecho a los mas básicos derechos fundamentales y con carencia absoluta de justicia social. No había una vida digna cuando el valor de la misma dependía del capricho de un tirano. Para estos jóvenes, no había futuro posible sin libertad.

En las aulas universitarias Piky se aprendía los Códigos y se preguntaba para qué; pero en 1959, procedentes de países donde se gozaba de todas las libertades que aquí faltaban, llegaron llenos de patriotismo unos expedicionarios dispuestos a ofrendar su vida, como en efecto ocurrió, removidos y enamorados de un puro ideal de libertad.

Testigos de esa gesta trascendental, cientos de jóvenes de todo el territorio nacional recibieron el impulso definitivo para rebelarse. El ejemplo de sacrificio de aquellos que desde el extranjero habían venido a inmolarse provocó una gran sacudida moral cuya consecuencia fue la fundación del Movimiento  Clandestino 14 de junio.  Vivir ya no era posible si el pueblo seguía de rodillas, bajo  grotescas torturas de todo tipo.

La tiranía descubrió el movimiento casi de inmediato y empezó la persecución y los apresamientos. Los catorcistas fueron vejados y torturados en las cáceles, masacrados hasta el summum del crimen con el asesinato de las hermanas Mirabal, hecho brutal que seis meses más tarde terminó de derribar la dictadura  a manos de sus propios adláteres.

Para los sobrevivientes del Movimiento 14 de junio quedaba todo por lograr en una sociedad que apenas despegaba hacia el verdadero progreso en el nuevo clima de libertad.

Soplaban aires de esperanza cuando el derrocamiento del gobierno constitucional del presidente Juan Bosch  provocó una nueva frustración a esta juventud anhelante en busca de un futuro digno. El golpe de estado de 1963 truncaba  el avance democrático recién logrado, y en noviembre de ese año,  para los muchachos del 14 de Junio no quedó otra salida que la insurrección.

A Piky Lora le tocó ser la única mujer guerrillera en las montañas, a pesar de que había tantas, dispuestas como ella a cumplir con la patria.  Se integró al Frente Juan De dios Ventura Simó que operó en las montañas de Ocoa. Tenía 23 años y ya era doctora en derecho.

Relato escrito por Piky Lora sobre la caída de su comandante, Polo Rodríguez 

En los primeros días de noviembre del año 1963 fui enviada al sitio “Quita Sueño”, en plena Cordillera Central, con el fin de hacer contacto con campesinos de la zona con quienes lograríamos una base de apoyo con puestos de abastecimiento e información para la guerrilla. Realicé el trabajo que me encomendara directamente Manolo Tavárez, jefe máximo de la proyectada insurrección armada e Hipólito Rodríguez Sánchez, Comandante del que sería Frente “Juan de Dios Ventura Simó” que operaría desde Bonao hasta San José de Ocoa en la Cordillera Central.

 Ya logrados los contactos y resuelto el abastecimiento me dispuse a esperar que se produjera el alzamiento y que mis compañeros llegaran al sitio donde yo les esperaba, lugar que era perfectamente conocido por nuestro comandante Polo rodríguez; así, a los trece días de producirse el inicio de la insurrección, llegó el ansiado momento de mi reunión con ellos en momentos sumamente difíciles para nosotros, dispuesta yo a recibir órdenes de unirme a la guerrilla o servir de mensajera regresando a la ciudad con los encargos que me hiciera mi comandante.

 Originalmente el frente guerrillero “Juan de Dios Ventura Simó” estuvo compuesto de 24 combatientes que penetraron a la zona montañosa por el paraje “Los Quemados”, en Bonao, el día 28 de noviembre de 1963.

 La mayor parte de ese grupo fue capturado al segundo y tercer día del alzamiento, porque pretendíamos llevar excesiva carga y a los compañeros que les tocó mayor peso tuvieron gran dificultad para avanzar. Cuando fueron conscientes de la imposibilidad de avance con tales bultos, ya era tarde.  Las tropas del gobierno de facto del Triunvirato venían pisándoles los talones, y al fin, ayudados por el rastro que iban dejando los compañeros, con alimentos, medicinas y equipos abandonados, dieron con su posición y les capturaron de inmediato.

 En esa oportunidad no hubo víctimas de parte nuestra y fueron apresados los compañeros Juan josé Matos Rivera, Eduardo Roza Aristy, Bienvenido Aquino Pimentel, Arquímedes Pereyra Félix, Benito Alejo Germán, Teódulo Radhamés Guerrero y Marcelino Grullón Jiménez.

 Luego, con lapso de horas fueron cayendo prisioneros Antonio Rosario Vargas, Angel Rafael Abud, Hugo Alberto García Muñoz, Marcelino Vargas Jáquez, Julio Enrique Montadón, José Homero Bello Duriñah, Zoilo Batista y Manuel Regla Medrano.

 A los cuatro días de tan penosa ocurrencia, los guerrilleros restantes se ven en la necesidad de sostener una escaramuza con tropas del Ejército, por cierto muy numerosas, para ganar terreno, pues los altos mandos militares creyeron siempre que en nuestro frente se encontraba el líder del Movimiento Revolucionario 14 de junio, Manolo Taváres Justo, de modo que enviaron en nuestra persecución a sus mejores hombres.

El comandante Polo Rodríguez había hecho ciertos reconocimientos en la zona antes del alzamiento y creyó fácil dirigir la guerrilla con bastante seguridad, pero el huracán Flora había cambiado por completo la topografía del terreno y él consideró oportuno preguntar a ciertos campesinos la orientación de algunos parajes, datos que le fueron suministrados a la guardia y le dieron pistas para concebir un plan militar muy correcto.

 Enviaron tropas frescas por San José de Ocoa hacia las montañas con el fin de esperar la guerrilla en los sitios donde ésta pretendía llegar, de acuerdo a las informaciones que se tenían y acosada siempre por el otro contingente de tropas que le seguía de cerca desde Bonao.

 Es así como a los trece días del alzamiento y habiendo recorrido la guerrilla 300 kilómetros entre montañas, en el sitio denominado “Quita Sueño”, cerca de Arroyo Bonito y La Horma, nos encontramos totalmente cercados.

 En tal circunstancia, en la madrugada del día 10 de diciembre decidimos caminar un poco por un trecho conocido para llegar a un sitio cercano más o menos seguro, pero dentro del cerco.  Porque no había posibilidad de romperlo por el momento.  Estábamos conscientes de que si tratábamos de hacerlo moriríamos todos, rendidos como estábamos por el cansancio y el hambre.

 Había algunos compañeros que tenían los clavos de las botas enterrados en la planta de los pies.  Polo estaba enfermo, y aunque en general, la moral era altísima, las fuerzas físicas estaban totalmente agotadas.  Había que descansar a toda costa.

 A eso íbamos por un trillo dentro de un cafetal con una oscuridad tan tremenda que casi no nos veíamos los unos a los otros.  El frío era intenso.

 Yo iba adelante porque conocía el camino de día, y les aseguré a los compañeros que podía conducirles con la mayor rapidez posible.

 De pronto siento el ruido de las bridas de una montura y nos detenemos en el momento en que ya yo he tropezado  con dos guardias que estaban sentados debajo de un árbol que bordeaba el sendero.

 Los compañeros penetran en el cafetal a ambos lados y esperan con sus armas preparadas la reacción de los militares, pero ellos, sorprendidos igual que nosotros, sólo atinan a preguntarme qué hago por ahí a esas horas; les digo que vivo cerca y tengo una cita de amor, me sermonean simulando que han creído el cuento y me ordenan devolverme.

 A ellos no les convenía disparar porque de seguro notaron el grupo y sabían que estaban en desventaja y nosotros estábamos en la misma situación puesto que al menor disparo atraeríamos al contingente apostado en el cerco.

 Es así como me devuelvo muy asustada pero conservando la serenidad y camino rápidamente hasta donde creo que los guardias ya no me pueden ver y entonces me interno en el cafetal tratando de encontrar a mis compañeros que han estado protegiéndome desde muy cerca, pero no están visibles ni pueden gritarme…….¡no puedo encontrarlos !

 Comienzo a vagar en la oscuridad, oigo un cuchicheo. Ahí están los compañeros, pienso.  Me acerco al grupo silenciosamente y detrás uno muy gordo. ¡No son ellos!  Necesito refugiarme, va a haber tiroteo con toda seguridad y casi está amaneciendo.  Encuentro una cueva arriba del arroyo. Ahí debo quedarme y luego veremos.

 Es de día, no ha pasado nada pero se oyen las voces y el  paso de las tropas.  Me asomo por el hueco del escondite y los veo; son muchos, hablan con algunos campesinos y divididos en grupos de quince o más, rastrean el sector, tiran piedras dentro de las cañadas y cuevas esperando algún movimiento.  Nada.

 Crecen mis esperanzas y me alegra que se estén alejando de donde estoy.  Decido moverme y voy prácticamente detrás de ellos cuidando de que no me vea nadie.  Quisiera estar con el resto de la guerrilla, pero……¿cómo encontrarlos?

 Son las cinco de la tarde del día 10 de diciembre de 1963 y todo sigue igual, las tropas vienen y van,  llegan más desde todos lados,  Saben que estamos ahí puesto que nos vieron dos de ellos la noche anterior.  A las 5:20 exactamente veo un corre-corre de tropas, cruzan corriendo el arroyo dando voces.

 “¡Por aquí!”  Se tiran de bruces en posición de disparo y comienza el tiroteo.  Los han encontrado.

 Clavan la  loma de plomo de arriba a abajo, y con el aliento contenido, oigo impotente aquel tableteo interminable. El tiempo que duran los disparos parece un siglo.  No es prudente que salga de mi escondite, pero no puedo esperar mucho tiempo sin saber lo que ha pasado.  Creo escuchar disparos diferentes a los Fal del Ejército, lo que indica que han disparado también los compañeros;  pero si de una cosa estoy segura es de que la guerrilla está en una ratonera, y por más optimista que quiera ser, presumo que han caído algunos de los nuestros.  Ya no me importa lo que pueda ocurrir.

 La alegría de los guardias me indica que hemos llevado la peor parte esta vez, y decido llegar a la casa de un campesino.  Pese a que la represión desatada y a que han registrado todas las humildes viviendas de los campesinos, me reciben muy bien, me ofrecen protección hasta sacarme de las lomas dentro de unos días.  Me niego rotundamente a comprometerlos y les pido información sobre lo ocurrido, datos que esperaré dentro de un monte cercano a la choza.

 Se va el mensajero y vuelve. 

 Mataron dos.

¿Cómo eran? 

Uno muy delgado, de ojos verdes, y ya muerto tiene una pistola en la mano derecha.  El otro es fuerte, indio, tiene un dibujo en el pecho….

 ¡Polo y la Yerba! digo. ¿Y qué más? 

 Se estaban llevando un herido al hombro, muy joven, tiene un pie destrozado.  Pero hay otro muerto, muchacha, y es fulano, uno que vivía aquí, que la guardia lo mandó a buscar las huellas de los guerrilleros, era colaborador del Ejército, y al comenzar a disparar no han tenido en cuenta que su amigo se encontraba  en el medio.  Cayó cosido a balazos.

 Está bien, gracias, aquí permaneceré.  Cualquier cosa que averigues, ven a decírmela. No te apures por mí, estoy viva, y eso es un privilegio en estos momentos, pero no te comprometas.  Si no puedes volver, no lo hagas.

 Pero mi interlocutor replica: “Yo vuelvo”.

  -Quiere comer?

 No.

 Café?

 Tampoco.

 Regresa el hombre y me dice que faltaban dos guerrilleros y yo por capturar, y que el comandante de las tropas oficialistas, el entonces mayor Pérez Aponte, dice que hasta que no nos entreguemos todos no se lleva al herido.  Capturaron a los otros dos, PérezCuevas y Mesa, rendidos como estaban por el cansancio. ¿Qué voy a hacer yo sola?

 El campesino me ha prometido sacarme a la ciudad, pero Rafa Pérez está herido y no se lo quieren llevar.  Tengo que entregarme, decidido está. 

 Voy a esperar algún oficial al borde del camino.  Viene uno, le salgo del matorral, me apunta, cruzo el arroyo y en medio de este baja su arma el capitán Miguel Angel Calderón, quien me apresa.  Andaba acompañado de un soldado, ambos montados en mulos.  Le ordena: “Ve dile al mayor que tengo a la muchacha, que ya puede venir con los otros”.  Me ofrece su montura, la rechazo.

 “Murieron dos de sus compañeros”, me dice y se le salen las lágrimas al capitán. Puedo decirlo ahora porque él fue combatiente constitucionalista durante la guerra de abril, luego escolta del profesor Juan Bosch y ahora está cancelado y vive en el extranjero.

 Vamos caminando hacia el cuartel de Rancho Arriba, el más cercano. Traen a Rafa en un mulo y al resto de los compañeros: Arsenio Ortiz Ferrand, (muerto luego en la Guerra de Abril), Arturo Mesa, Frank Peralta, Gonzalo Pérez Cuevas y un campesino muy joven que nos servía de guía, amarrados con sogas por las manos, todos a pie.

 Al llegar al cuartel nos montan en un camión del ejército de esos que tienen la cama de metal; nos ordenan sentarnos dentro para no llamar la atención cuando pasemos por los poblados. Comienza el largo viaje hacia Santo Domingo y la prisión.

 Detrás, entre los pomares cercanos al arroyo,  quedan Polo y La Yerba…….

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s